Cuando dos átomos (o moléculas) están a distancia suficiente, no se produce ninguna interacción entre ellos (indiferencia).

Cuando dos átomos (o moléculas) se aproximan lo suficiente lo primero que tiene lugar es una repulsión entre sus nubes electrónicas más externas.

Para que dos átomos (o moléculas) se unan o reaccionen es necesario vencer esta repulsión inicial. Los átomos (o moléculas) tienen que chocar con velocidad suficiente y orientación adecuada para vencer la repulsión aludida.

En términos energéticos es como si el sistema formado por los dos átomos (o moléculas) tuviera que seguir un perfil que tiene una pequeña subida en su comienzo. Si la velocidad u orientación de los átomos (o moléculas) no es apropiada, los átomos (o moléculas) se repelen y no ocurre nada más.

Si la velocidad y orientación son adecuadas, la repulsión inicial se vence y comienzan a actuar otras fuerzas que provocan la reacción entre los átomos (o moléculas).

En este caso los dos átomos tienen potenciales de ionización y afinidades electrónicas moderadas. En estas circunstancias ninguno de los dos átomos cede completamente electrones al otro. Los comparten y se establece una densidad electrónica en la zona internuclear. Esto es lo que llamamos enlace covalente, mediante compartición electrónica.



No se producen iones porque no hay cesión electrónica neta. Por tanto ambos átomos siguen siendo neutros.

Para separar a los átomos hay que interrumpir la compartición electrónica, rompiendo el enlace covalente. Esto tiene un coste energético elevado y la molécula así formada se rompe. Pero esto se logra muchas veces. Así es como reaccionan las moléculas. Por ruptura y formación de nuevos enlaces.